Paradojas de nuestro mundo interior

Paradojas engranaje mundo interior psicologia psicoanalisis inconsciencia control emocional gestion emociones autoayuda mecanismo mental bielas industruales funcionamiento dentada cerebro

Desde el desarrollo por parte de nuestra especie del Neocórtex (o capa cerebral más “moderna”) los humanos fuimos conscientes de que podíamos pensar, y comenzamos a hacernos preguntas para tratar de darle respuesta y comprender todo aquello que no solamente ocurría fuera de nosotros, sino también en nuestro interior y de como se relacionaban entre sí ambos “mundos”.

Tratar de comprendernos a nosotros mismos es, por lo tanto, una tarea inherente al ser humano; algo que constantemente estamos haciendo para mejorar y para sentirnos más en equilibrio y seguros con nosotros mismos y con nuestro entorno (supongo que éste es, en gran parte, uno de los aspectos de nuestro éxito evolutivo como especie).

Pero curiosamente, la misma lógica que hemos aprendido y desarrollado durante nuestra evolución para tratar de comprender las situaciones exteriores, es la que queremos utilizar para entender lo que nos pasa por la mente, nuestros procesos internos de pensamiento.

El tema que últimamente ha estado rondando mi neocórtex es el de las paradojas que aparentemente se dan al emplear en nuestro mundo psicológico (mundo interno) herramientas de actuación que nos sirven en el día a día para afrontar las situaciones en nuestro entorno (mundo exterior)

Es bueno tener este tema presente al disponernos a recorrer nuestro camino de crecimiento personal, para que cuando detectemos alguna de estas paradojas o contradicciones sepamos que no es que hayamos caído en un error, sino que realmente es así como funciona nuestro cuerpo a nivel interno, a nivel cerebral, que es de esta manera como nuestra mente se regula.

Es este mundo interior (el del pensamiento y del análisis mental) un cosmos con sus propias leyes y reglas, que en muchos casos nos pueden parecer contradictorias si las OBSERVAMOS y JUZGAMOS desde nuestra perspectiva exterior, pero es que en nuestro mundo interior, esa es la lógica que impera.

A continuación expongo algunos ejemplos de estos aparentemente “contrasentidos o paradojas” que he ido viendo en mi proceso de introspección y que resultan cuanto menos curiosos y yo diría que hasta divertidos en algunos casos.

  • Cuanto más aprendo de mí mismo, mejor me relacionaré con los demás: cuanta mayor introspección llego a tener, cuanto más profundizo en mis propios mecanismos internos y más sano en mí mis heridas… con mayor plenitud puedo relacionarme con los demás… y lo que es más importante, mi empatía aumenta. La paradoja estriba en que pudiera parecer lo contrario, que retirarte a tu propio mundo fuera a separarte o a “desconectarte” de los demás, como si estuviéramos cada uno en una cápsula de vacío, pero no es así, ya que sólo lo que llego a ver en mí puedo verlo en los demás. Nadie que no se relacione plenamente consigo mismo (con aceptación incondicional de su persona, sin juicios ni mandatos) puede hacerlo realmente con otros. Los demás se sentirán comprendidos por mí solamente si yo me comprendí a mi mismo primero. Una conclusión interesante es que cuando, al haber aprendido a verme a mi mismo, aprendo a ver a los demás y detecto comportamientos que usan otras personas y que me son tóxicos, puedo entonces protegerme de dichos comportamientos.
  • Sólo cuando me acepto como soy, puedo cambiar: En el exterior, para cambiar algo, tendemos a actuar, a realizar una acción. Si queremos, por ejemplo, enderezar un poste torcido, tiramos o empujamos de tal forma que llega éste a ceder hasta ponerse en la posición que deseamos. Paradójicamente en la mente es al revés… para que el poste “mental” pueda situarse en la posición deseada, hay que aceptar y estar en paz con el poste, y sobre todo dejarlo estar torcido, sin rencores, sin minusvalorarlo, sin insultos, con amor y comprensión de su estado actual y de las razones por las que se mantuvo en esa posición hasta ahora, de esta forma aparentemente tan sorprendente llegará a situarse en equilibrio por sí solo.
  • Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma: Déjale estar y durará menos tu malestar emocional. La paradoja estriba en que en el mundo exterior, sentimos que si toleramos un comportamiento o acción hacia nosotros, si lo dejamos estar, nos veremos esclavizados, ninguneados y maltratado por dicha persona o grupo que la realiza ya que fue algo que permitimos. Pero en nuestra mente, es justamente al contrario, la agresividad, la negación, los juicios la violencia no hacen más que dar más poder a los comportamientos o aspectos de nuestra personalidad que tratamos  precisamente de controlar o erradicar de esta manera tan poco adaptativa.
  • No puedo amar ni disfrutar realmente de algo o alguien si tengo la necesidad de eso. Cuando nos enfocamos en poseer algo, aparecerá el miedo en nuestra mente, el apego que sentimos por esa cosa, esa persona o esa situación … se volverá en pánico ante la posibilidad de perderla. Muchas veces se puede confundir el desapego por parte de alguna gente como muestra de frialdad o falta de compromiso, pero es justo al contrario, dejar el miedo a perder algo es poder RELACIONARTE PLENAMENTE con todo eso, es recuperar tu capacidad de amar y de disfrutar plenamente esa situación o de esa persona, sin ansiedad ni estrés.

La próxima vez que te enfades contigo por pensar que deberías ser de otra manera o que eres de una forma que no te gusta o piensas que no te hace bien, …la próxima vez que te encuentres deseando algo fervientemente y asiéndote a ello de forma adictiva y concediéndole el poder de hacerte feliz o infeliz… recuerda este artículo.


HABILIDAD EMOCIONAL.



LineaRecorte

  • “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.” CARL GUSTAV JUNG.
  • “Lo importante en la espiritualidad no es el esfuerzo, sino el abandono.” ANTHONY de MELLO.
  • “No se accede a la verdad sino a través del amor.” SAN AGUSTÍN.
  • “En el mundo interior no se crece negando, rechazando o atacando… sino comprendiendo, aceptando y trascendiendo.” HABILIDAD EMOCIONAL.
  • “La paradoja del cambio dice que solamente se puede cambiar algo cuando uno deja de pelearse con eso.” JORGE BUCAY.
  • “Es una ironía descubrir que el valor para vivir una vida auténtica lo encontrarás en los oscuros rincones de tu Yo menos auténtico.” DEBBIE FORD.
  • “No nos convertimos en seres iluminados visualizando figuras de luz, sino volviéndonos conscientes de nuestra propia oscuridad.” CARL GUSTAV JUNG.
  • “Te tratan superficialmente porque no se conocen a si mismos más que en la superficie ¿qué empatía pueden tener si ignoran su propio mundo interior? Lo que no ves en ti no puedes verlo en los demás.” HABILIDAD EMOCIONAL.
  • “Detente y observa, al menos una vez al día, tu acontecer interior como si estuvieras sentado en una orilla viendo pasar un río.” ALEJANDRO JODOROWSKY.
  • “Cuanto más abiertos estemos hacia nuestros propios sentimientos, mejor podremos leer los de los demás.” DANIEL GOLEMAN.
  • “Serás capaz realmente de ver cuando estés dispuesto a percibir también el barro que hay en ti y a reconciliarte con ello.” ANSELM GRÜN.
  • “Si quiero conocerme a mí mismo, todo mi ser, la totalidad de lo que soy y no solamente una o dos capas, entonces es obvio que no debo condenar, debo estar abierto a cada pensamiento, a cada sentimiento, a todos los estados de ánimo, a todas las inhibiciones.” JIDDU KRISHNAMURTI.
  • “Cuando me quisieron como soy, sin querer cambiarme… oh milagro, … cambié!!!” ANTHONY de MELLO.
  • “La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces, puedo cambiar.” CARL ROGERS.
  • “La mente que está buscando la verdad nunca la encontrará.” JIDDU KRISHNAMURTI.
  • “Si miramos el objeto de nuestro apego con una simplicidad nueva, comprenderemos que no es ese objeto lo que nos hace sufrir, sino el modo en que nos aferramos a él.” MATTHIEU RICARD.
  • “Me observo a mí mismo y llego a conocer a otros.” LAO TSÉ.
  • “Moneda que está en la mano / tal vez se deba guardar. / La monedita del alma / se pierde si no se da.” ANTONIO MACHADO.
Anuncios

53 comentarios el “Paradojas de nuestro mundo interior

  1. Hola!!
    He empezado a leer este blog hace poco y la verdad me resulta muy útil e inspirador. ¡Gracias por tu trabajo desinteresado!
    Quería compartir una experiencia propia al respecto de estas paradojas y que está muy relacionada con algo que comentas.
    “Al conocer profundamente a otros, llegué a conocerme más profundamente a mí mismo”.
    En ocasiones, al relacionarnos con otras personas y ver cómo se comunican con su interior o las interpretaciones que hacen de su mundo interno somos capaces de vernos reflejados y de encontrar mecanismos parecidos en nosotros mismos, como si el otro fuera un espejo de lo que somos. Para conocer mejor al otro, he de conocerme mejor a mí, pero también conocer mejor al otro me ayuda a conocerme mejor a mí mismo. Es como un ciclo en el que ambas circunstancias se retroalimentan y nos permiten vivir una comunicación más profunda con los otros y con nosotros mismos.
    De nuevo muchas gracias por todo y un saludo.

  2. qué maravilla esta página que encontré hoy y no he dejado de leer!
    Cuánta ayuda para conocerme y comprender esta situación que estoy atravesando: la pérdida física de mi querida madre. Gracias mil!!!!

  3. Hola, Niclas Luhmann dice que no es paradoja porque el sistema necesita tiempo para procesarse y al producir tiempo rompe la circularidad haciendola evolutiva, habla de que los sistemas psíquicos (autopoiéticos y autoreferentes) hacemos un doble movimiento (somos cerrados y abiertos a la vez) con lo que desparadogizamos la autoobservación. Me gusta tu blog. Saludos

  4. hola muy buenos tu blog, mencionaste en otro articulo no recuerdo cual el solo observar las emociones sin juzgar, criticar, sin prejuicios. La verdad esto para mi es profundo ya que soy una chica de 20 la cual he sido independiente de los demás distorsiono mi realidad me creo un mar de pensamientos que que se repiten una y otra vez esto me ha llevado a ser una persona poco sociable (poco a poco lo estoy superando), perder oportunidades de estudio carcomiendo mi cabeza con pensamientos negativos.

    Gracias por tus publicaciones buen dia

    • Buenas María!

      Siempre estamos a tiempo de mejorar, y más tú con lo joven que eres, no te obsesiones con los pensamientos positivos, la mente es muy suya y cuanto más quieres o la fuerzas a pensar de una determinada manera, más decide ella hacer justo lo contrario.

      Obsérvate sin juicios como te comentaba en ese artículo (sería en varios, suelo decirlo mucho jeje) y perdónate ser como eres, hay siempre una razón por la cual tu mente actúa así y suele ser para ayudarte (a su manera) a vivir. Pero lo mismo, como estás viendo, esa manera de funcionar de tu mente hasta ahora, esa costumbre o modo de operar, tiene sus desventajas, por eso es bueno irlo revisando, viendo qué creencias o actitudes te son beneficiosas y cuales te limitan o te hacen perder oportunidades.

      Lo importante es que te sientas bien, ya seas más o menos sociable 🙂 Yo mismo no soy muy sociable la verdad, o mas bien… me reservo mucho y selecciono bien con quien socializar y hasta que punto hacerlo o no hacerlo.

      Un saludo María, me alegra que te gusten mis publicaciones, buen día!! 😀

  5. Pingback: Hombres y mujeres aman por igual | Inteligencia emocional y otras habilidades

  6. Ahora que estoy pasando una etapa de “caos mental” o conflicto de emociones leerte me aporta tranquilidad y alivio al sentirme identificada con mucha gente que te sigue como yo.

    Este artículo me parece muy importante, esa seguridad y equilibrio que a veces sentimos que bien nos hace sentir y de repente pasamos situaciones incomodas en las que perdemos ese equilibrio y nuestra mente se llena de pensamientos negativos que te hacen sudar incluso de miedo, jeje.

    En uno de tus artículos dices que abracemos el miedo y es así, funciona. Ahora estoy aprendiendo a mirar dentro de mi, intentar ponerle nombre a lo que siento (no es fácil), a ACEPTARME COMO SOY, sin enjuiciarme. Pero esto lleva su tiempo y a veces te olvidas de como se hace.

    Lo que te quería preguntar es, si este caos en el que me encuentro no me deja dormir y me refiero a meses ya, crees que una vez que mi mente se tranquilice volveré a la normalidad o es que se trata de algo mas serio que debería tratar con un especialista.

    Me gustaría saber como lo ves tú.

    Un saludo.

    • Hola María.

      Yo no soy profesional de la rama de la piscología pero para casos en los que tu estado de miedo o temor se prolonga más alla de unas cuantas semanas… consultaría con un especialista. Está bien mi blog (jejeje modestia aparte) para ayudarte o serte puntualmente de utilidad pero no puede sustituir (ni nunca he querido que fuera así) a la terapia, si es necesitada.

      Mirar dentro de uno mismo es todo un arte y se ha de hacer con mucha compasión y amor, sino es contraproducente… sería como entrar en un almacen de huevos con una aposinadora.

      Un saludo!!

      P.D: Si tus pensamientos negativos están ahí pues no te preocupes, están simplemente ahí… no son tú ni tienes que hacerles caso obligatoriamente, la mente es a veces como un amigo pesado o tristón que te cuenta siempre las mismas penalidades o que lo ve todo negro… al que comprendes pero del que no te contagias, porque sabes que él lo ve todo así ahora mismo.

  7. “Cuando nos enfocamos en poseer algo, aparecerá el miedo en nuestra mente, el apego que sentimos por esa cosa, esa persona o esa situación … se volverá en pánico ante la posibilidad de perderla.” Creo que acabo de superar una fase de este tipo, ante la posiblidad de perder algo que apenas comenzaba empecé a actuar todo “friqui”.
    Como siempre me ha encantado tu artículo. Creo que tienes una buena hipotesis ahí en cuanto a la paradoja que mencionas; en realidad no tendría que ser paradójico ya que al mundo interior debería aplicárse herramientas, metodos y procedimientos particulares a ese mundo. La metaforización de los estados interiores con los exteriores muchas veces porducen esa confusión de entidades. Cuando se desee igualar ambos mundos tal vez lomejor que se debería de hacer es una plena diferenciación como lo hace Machado en la frase que citan: “Moneda que está en la mano / tal vez se deba guardar. / La monedita del alma / se pierde si no se da.”

    • Gracias Ricardo por tu visita, por leer el artículo y por tu comentario.

      Sin duda no son 2 mundos en si, sino uno solo …. o vete a saber, filosofía hay mucha y discusiones sobre ello las que quieras, aunque nadie ha dado con lo que sea en verdad todo esto donde vivimos, la realidad.

      Ciertamente los mundos no estan separados, forman parate de uno mismo, pero las herramientas a usar, como comento, han de ser distintas, o mas bien, aplicarse de distinta manera, el conocimiento que tenemos es útil pero se ha de enfocar de un modo distinto cuando se trata de acomoeter la empresa de conocernos mejor y de indagar en nuestra mente, si querermos obtener los resultados esperados.

  8. Que alegria encontrar esta pagina, me interesa mucho, te voy a seguir muy interesante tus mensajes me ayudan a reflexionar gracias

  9. Hola, me ha gustado esta entrada porque me ha aclarado muchas dudas, aunque por desgracia ha generado muchas otras. Probablemente, es algo que nos ocurre a todos, sobretodo en etapas inestables que atravesamos en la juventud. A veces necesitas ayuda de gente experimentada para no sentirte perdida.

    El motivo de que me haya sentido identificada con esta “guía de aprendizaje sobre uno mismo” es precisamente que admito que soy una persona emocionalmente dependiente, con problemas para vivir únicamente conmigo misma. Asimismo, a menudo me desbordan las emociones y no las controlo. Siento que mi vida es un caos. Yo siempre había creído que yo estaba aquí, en este mundo, para ayudar a los demas, y confieso que estoy estudiando Derecho por esa motivación. Sin embargo, la gente viene y va, precisamente porque esta actitud me hace, o bien vulnerable, o bien demasiado absorbente. Acabo teniendo problemas con la gente que me importa, y muchos de los factores que los provocan provienen de mi.
    Y nunca puedo evitar el desasosiego.que me invade cuando siento que me quedo sola. Mi “mundo exterior” es un desastre porque también lo es mi “mundo interior”. No puedo negarme a ver la realidad.

    La verdad es que espero aprender mucho a base de leer y releer muchos de tus artículos…. Muchísimas gracias.

    • Buenas Laurilla.

      Me alegran los comentarios como el tuyo, y no sólo porque tenga yo que ver con tu progreso, sino porque estás aprendiendo a darte cuenta de cosas de tu “mundo interior” y queriendo mejorar y crecer como persona.

      Admitir algo es comenzar a sanarlo… ¿Soy dependiente actualmente? ¿No puede vivir conmigo misma?¿Siento desasosiego cuando me quedo sola? pues muy bien, acepto que por el momento, debido los avatares de mi vida o por la forma en la que aprendía a gestionar mi mundo interior desde mis primeros años, me comporto así; …pero voy a ver que puedo leer y aprender para mejorar esos aspectos de mi personalidad.

      El estado de ánimo es como el mar, las emociones lo revuelven muchas veces y parece un caos, no es posible parar o controlar las olas, pero si aprender a navegar, a ayudarme de los vientos y de las olas para mantenrme a flote.

      Algo que a veces me entristece o molesta un poco de la “moda” del “todo positivo” es que creo que hace infeliz a la gente por sentir que no son “lo positivos que deben ser” o por “no estar todo el tiempo con una actitud positiva y alegre”.

      La lluvia sólo es un problema si no te quieres mojar.
      PROVERBIO JAPONÉS.

      Si te obligas a controlar todas tus emociones en todo momento (lógico si piensas que un descontrol de ellas es algo catastrófico que dará más caos a tu vida) , te sentirás frustrada, porque ellas no se dejan controlar, pero sí podemos aprender a gestionarlas mejor, a verlas de una forma menos dramática y aprender a recibir el mensaje que nos quieren dar. Como el bebé que llora, está desconsolado, y en vez de taparle la boca o salir corriendo, parece más acertado el observar que puede estar queriendo decirnos y así aprender de sus reacciones.

      Algunas emociones pueden ser incómodas o dolorosas pero sólo producen sufrimiento cuando tratamos de controlarlas, negarlas o rechazarlas.

      Es muy loable que quieras ayudar a los demás, pero no te olvides de ti misma mientras lo haces, el sacrificio por los demás al final nos puede dejar abatidos y sin energía (sobre todo si es gente que se aprovecha de nuestra buena voluntad) es mejor hacer las cosas por amor, porque lo sientes realmente… indagar si es cierto que quieres hacer esta u otra cosa por alguien, si lo quieres hacer realmente, y no si es algo que te han dicho “que la gente de bien hace” :). Es muy importante saber DESDE DONDE hago algo, más que por qué lo hago.

      En cuanto al desasosiego que sientes, es una emoción natural, una sensacion lógica en muchos momentos de nuestra vida. Lo importante es aceptar que estás sintiendo ese desasosiego y tratar, en la medida de lo posible (y teniendo mucho amor y paciencia por ti misma si no lo consigues las primeras veces) de observarte desde fuera, despersonalizarlo, como si el desasosiego le estuviera ocurriendo a otra persona, observarte sin enjuiciarte. Con eso, poco a poco, irás pudiendo sentirte cómoda durante tus emociones y situaciones incómodas, y aprender mucho de ellas.

      Al menos a mi me funciona, se llama consciencia de uno mísmo.

      Toda emoción nos aporta información importante, por lo que es crucial que aprendamos a evitar el miedo a sentir cualquier emoción. Cuando uno se siente cómodo estando emocionalmente incómodo, puede recordar los hechos emocionalmente dolorosos sin ser vencidos por ellos. Se pueden soportar los sentimientos del momento presente hasta que el dolor haya desaparecido y el mensaje haya sido entregado. De esta forma, no sólo seremos capaces de soportar la experiencia emocional, sino también salir de ella con mayor energía, profundamente relajados y con una mayor sensación de logro y autodominio personal.
      JEANNE SEGAL.

      P.D: Solemos pensar que la aceptación no nos puede ayudar, que es un “más de lo mismo” un permitir que siga doliéndonos o haciéndonos sufrir aquello que nos hace sufrir o nos duele… pero realmente, en lo que al menos a nuestra mente se refiere, es un mecanismo muy efectivo, que nos ayuda a tener momentos de lucidez y consciencia, en los que podemos observar nuestros estados de ánimo sin que nuestra mente se embote.

      • Agradezco profundamente la atención que me has dedicado. Y estoy de acuerdo, tras leerte, con muchas cosas de las que me has respondido. Es cierto que cuando algo no funciona en tu vida automáticamente te convierten en un “bicho raro”, y te sientes o te tratan como a un fracaso, porque juzgas el estilo de vida de la mayoría de la sociedad.

        Ciertamente, si yo me angustio y lo paso mal en determinados momentos es porque las cosas que hago me salen de dentro y mis emociones, y dedicación, son sinceras. Como tú dices, no puedo controlarlas por más que me guste, así que deberé de aprender a mantenerlas a raya un poco, o darles otra vía de escape al exteriorizarlas. De algún modo, supongo que conseguiré evolucionar,

        Desde luego, acepto todo lo que me pasa. Y no creo que sea algo fuera de lo común, sólo no sé contenerlo y eso me genera ese desasosiego con el que trato de combatir. Lo que no sé es si tratar de mantenerme a flote yo sola o buscar otro tipo de atenciones o incluso medicación (en cuanto a la ansiedad se refiere). No tengo mucha fé en mis propios actos…
        ¿Qué me recomendarías?

        Buenas citas las que has elegido, por cierto 😉
        Un saludo.

        • Nosotros mismos somos nuestros peores jueces, a mí mismo me ha pasado y me pasa a veces aún (lo acepto, como no?) y todo eso de “bicho raro” “fracasado”… resuena cuando uno mismo se lo llama a sí mismo.

          En cuanto a combatir el desasosiego, eso provoca más desasosiego.

          Más no se que decirte porque tampoco tengo los conocimientos suficientes para serte de más ayuda. Lo único que hago yo es leer, meditar lo leido, tratar de permanener consciente cada día mas tiempo, para observar mis pensamientos y comportamientos (siemrpe sin juzgar, solo mirarlos para verlos bien).

          Si te sirve de consuelo, esa “lucha” es en la que estamos muchos 🙂 que pretendemos mejorar día a día… siempre será más fácil quizás permanecer inconscientes y dormidos en la vida, … pero al final se paga viviendo esclavos de nuestros patrones mentales.

          Tengo muchas mas citas 🙂

          Por extraño que pueda parecer, la mayoría de los problemas que sufren los seres humanos se alimentan precisamente de lo que éstos hacen para combatirlos.
          GIORGIO NARDONE.

          No hay peor critica que la que resuena con mi propia condenación.
          HUGH PRATHER.

      • Dicho de esa manera parece muy complicado…por lo menos para mí lo era cuando me lo contanban, pero todo lo complicado es para ver lo simple que realmente somos, ya que venimos de moleculas con su estados de emociones y según vas creciendo te vas apegando a unas u otras para no sufrir o defenderte .. en cambio todo sujeto viene al mundo a dar y recibir amor iincondicional sin apegarse a nada ni a nadie … en el momento que dejas libre a la tristeza porque pierdes algo o alguien ( y aprendes a saber el cariño o lo que te hacia sentir), cuando liberas al miedo a lo desconocido y que es normal sentirlo, cuando liberas la ira y aprendes que a veces se traspasan tus limites y no te gusta ( y tienes el derecho de expresarlo de manera correcta) , al igual que un día liberas la alegria por un logro conseguido…. sabras que puedes estar tranquila con lo que sientes, por que en tu mundo interior tu sabras lo que te pasa y lo proyectaras al exterior de manera correcta … en ese momento de equilibrio, de felicidad cuando dejas de luchar contra ellas y entiendes que sin apegos a alguien o algo dejas fluir lo que sientes, es cuestion de pensamiento.
        Las situaciones en la vida no se pueden cambiar, a la gente no la puedes cambiar,,,, solo eres dueño de lo que piensas y ese pensamiento significa darte la libertad de pensar lo que quieras sintiendolo y dejandolo ir…
        Un monje caminaba por el campo con su aprendiz y se les aparecio una mujer en su camino desesperda pidiendolos auxilio para cruzar el rio y ver a su hijo. El aprendiz le dijo que su maestro no le deja coger a nadie que sea una mujer… entonces el monje la cogio en sus brazos, la ayudo a cruzar el rio y prosegui su camino … y el aprendiz sorprendido le pregunto ¿ Por qué ayudo a esa mujer, si nuestra religión no nos deja tocarlas? — El monje le contestó ¿ Dondé te has quedado apegado a esa mujer, si ya se ha ido? .
        No sé trata de que entiendas o no… se trata de no apegarse a las cosas o a la vida…dejar fluir lo que sientes y seguir tu camino no quedarte enganchado en tu remordimiento. Solo tú tienes la responsabilidad de tí mismo y de hacer el bien a los demás por tu respeto y el de los otros.

        Un beso guapa… seguro que poco a poco iras despertando y viendo que las emociones te avisan de las cosas para ayudarte y luego las dejas ir.

        Gracias por querer despertar y espero que te ayuden mis pequños consejos, que yo todavía sigo despertando.

  10. Hola, soy José Luis. Como tú, no soy profesional de la psico, sin embargo he ido confeccionando a lo largo de varios años un trabajo muy amplio sobre el origen de las emociones y su repercusión en nuestro actual estilo de vida. El trabajo está en proceso de registro de la propiedad hasta mediados de Julio. A partir de esa fecha me gustaría darle el máximo de difusión, siempre sin ánimo de lucro, de manera que pudieran beneficiarse de su contenido el mayor número posible de personas. Tengo 60 años y tengo muy poca práctica en redes sociales. Me gustaría contactar contigo por correo electrónico, y poderte pasar el PDF. A ver qué te parece, y si puedes ayudarme a difundirlo en tu blog. Saludos, y muchas gracias.

      • EMOCIONES, SENCILLAMENTE D.L. GR-300-12 Se autoriza la redifusión, hecha sin ánimo de lucro. Autor: José Luis Cuesta Titos CAPITULOS: I – La vida en grupo en la Prehistoria y sus beneficios en relación con la de los seres aislados. II – La adaptación orgánica a problemas internos o medioambientales. III – La adaptación a problemas externos (sociales o medioambientales). IV – La Jerarquía social y sus leyes. V – Las Emociones. Qué son. Cómo funcionan. El equipo operativo Emoción-Inteligencia- Memoria. VI – Consideraciones sobre las Emociones más conocidas. (pag. 17) VII – Diferentes capítulos de nuestra vida analizados bajo el prisma de las emociones. (pag. 43) CAPITULO I LA VIDA EN GRUPO EN LA PREHISTORIA Y SUS BENFICIOS EN RELACION CON LA DE LOS SERES AISLADOS. El ser humano como homo habilis se remonta a una antigüedad de 2’5 millones de años, a los que habría que añadir muchos más de su etapa como simio sociable. Desde los tiempos de simio (como vemos en las especies actuales) se eligió una vida en grupo. Sin duda el grupo (equipo) facilita las tareas vitales de los individuos. Mejora la defensa de las agresiones externas. Mejor información de los peligros. Facilita la caza. Mediante las exploraciones, facilita el conocimiento de mejores yacimientos, terrenos más fértiles o climas más adecuados. El grupo dispone de la fuerza unida de todos sus miembros; con ella se pueden acometer obras de gran envergadura impensables para las posibilidades individuales. Mejor aprovechamiento de los recursos: Por ejemplo, un individuo solo, desaprovecharía un ciervo cazado. Gran parte del ciervo se desperdiciaría. Etc. El grupo me aporta beneficios, pero también se convierte en mi competidor: El compañero ayer me ayudó a cazar un jabalí (bueno) y hoy me quita la novia (malo), mañana me curará unas heridas, y al siguiente se me adelantará a dormir en la cueva, y me dejará sin sitio. Esta riquísima relación grupal en la lucha por los recursos, va a dar lugar en el individuo, a unos comportamientos respuesta impulsados por las Emociones y dirigidos a conseguir el máximo de beneficios y el mínimo de cargas o contratiempos. Hablábamos de la vida en grupo. En ella, el compañero es imprescindible para poder disfrutar de todos los beneficios antes enumerados. Lógicamente el individuo siente como importante la presencia de sus compañeros, y en esa línea tratará de favorecerlos y ayudarles, en espera de reciprocidad, ya que si no hay compañeros no hay beneficios (hombre amigo del hombre). Sin embargo el individuo, por simple instinto de supervivencia, buscará siempre sus intereses. Este “siempre” que subrayo, parece excesivo, no parece real, pero lo es. Lo que ocurre es que, a veces, el interés del compañero es compatible con nuestro propio interés material o emocional: por ejemplo: doy una ayuda para un necesitado y esto me produce una pequeña sensación de bienestar. Ayudar al compañero es una excusa con la que doy satisfacción a mi bienestar emocional. Esto es bueno para los dos y a la vez resulta ejemplo edificante para el resto de ciudadanos. Volviendo al tema, el individuo tratará de aprovechar el máximo de beneficios y privilegios que le ofrece el grupo y tratará de delegar en el compañero las tareas de grupo que resulten indeseables. Si cada individuo manifiesta esas mismas intenciones ¿sobre quién recaerán esas tareas desagradables, y quién disfrutará los privilegios?. No existe la ley ni el derecho y la Fuerza dará respuesta a este interrogante. Los privilegios dentro del grupo son muchos y variados, así como las obligaciones molestas o poco agradables. El reparto vendrá dado por la Jerarquía y la Jerarquía por la Fuerza, entendida ésta como un conjunto de circunstancias personales, como son la fuerza física, los apoyos familiares o de amigos, o los méritos o valores personales útiles al grupo (buen guerrero, guía geográfico, brujo, hábil artesano, inteligente, estratega, trabajador, buena genética física, trato agradable, canto agradable…). Al principio habrá lucha entre los individuos del grupo (medir fuerzas) de la que nacerá un escalafón jerárquico. Llegados a este punto, cesan los desgastes violentos infructuosos, se hace la paz en el grupo y aparece un equilibrio junto a una ley inapelable, que establece que el nº 1 disfrutará de todos los beneficios que quiera y no hará nada indeseable. El nº 2 podrá elegir todo lo que no eligió el 1º y sólo tendrá las obligaciones que éste le imponga, y así hasta el final del escalafón jerárquico donde aparecerá un individuo al que todos pueden dar órdenes y que sólo puede disfrutar de los beneficios que nadie del grupo eligió para sí. Lógicamente, cada componente del grupo tratará de hacer méritos o cultivar valores para subir en la consideración de los demás, y a la vez -por ley de relatividad- se beneficiará, incluso propiciará la pérdida de meritos y la consiguiente bajada en el escalafón de los que se encuentran por encima de él o con posibilidades de alcanzarlo por detrás. Si el que me precede pierde puntos, yo, sin necesidad de hacer nuevos méritos, me colocaré delante de él y quien antes me daba órdenes, ahora tiene que obedecerme y comer lo que me sobre a mí, etc. Lo mismo ocurre con los que me siguen próximos en el escalafón jerárquico. No me interesa que consigan nuevos méritos y me adelanten. Necesito que continúen detrás de mí. De esta florida y complicada vida grupal van a aparecer por parte del individuo una serie de respuestas o acciones, tendentes a reforzar su papel dentro del grupo, o lo que sería lo mismo, tratar de debilitar el papel de los vecinos en el escalafón. Para que estas acciones (u omisiones) se produzcan se hace necesaria una fuerza que empuje al individuo a la acción u omisión. Estas fuerzas que obligan se conocen como Emociones y se manifiestan en 2 fases: una de malestar ante el problema, que empuja a la acción u omisión y otra posterior de bienestar o recompensa orgánica por haber actuado de acuerdo con los intereses propios, (nuestro ser interno emocional no tiene voz y no puede dialogar con nosotros. Únicamente puede manifestar su “opinión” concediéndonos vía hormonal un “bienestar” o un “malestar”, según proceda). Estas emociones, útiles al individuo a lo largo de milenios, se irán haciendo genéticas, de manera que llegarán hasta nosotros y no podemos voluntariamente prescindir de ninguna de ellas ni modificarlas. Únicamente podemos acentuarlas o atenuarlas con la ayuda de la Inteligencia, educación, o cultura (control y conocimiento emocional). Nuestro actual problema es que las Emociones nacieron para satisfacer las necesidades de unos individuos con circunstancias vitales y sociales muy distintas a las nuestras. Hay un gran desajuste entre nuestros modernos intereses o modos de vida y la dictadura ineludible de nuestras emociones ancestrales. Esto provoca descontento en el individuo, y obstaculiza gravemente su Felicidad. Los genes son implacables y no entienden de modas. CAPITULO II LA ADAPTACION ORGANICA A PROBLEMAS INTERNOS O MEDIOAMBIENTALES El organismo se defiende automáticamente de todo lo que penetra en él (la bacteria, el veneno, el polvo, la herida, los rayos solares…). Reacciona ante los agentes medioambientales externos como la luminosidad (adaptando la retina), el calor (sudor, circulación periférica), frío (pelos, tiritones, enroscamiento, circulación no periférica), radiaciones solares (melanina), polvo (mucosa nasal, párpados). Para toda estas respuestas no hace falta que nosotros intervengamos conscientemente. Conducta cero. Nuestro organismo soluciona automáticamente esos problemas aunque estemos dormidos o disminuidos de razón. Pero ¿qué hacer cuando el organismo no puede desde dentro y por sus propios medios solucionar ciertos problemas externos que afectan a su calidad de vida? Por ejemplo: El vecino me roba, me sancionan por mal aparcamiento, mi novia me abandona, se me agotaron los alimentos, me van a echar del trabajo, en la carnicería me dan gato por liebre, me he perdido por el monte, el sol me achicharra, no me han elegido…etc. La única forma de solucionar estos problemas es con mi comportamiento, es decir, haciendo algo (Conducta). Pero nuestro organismo es tendente al ahorro de energías (inoperancia): mi vecino me robó, y ¿encima tengo yo que molestarme en hacer algo? Por economía de energías, insisto, no nos moveríamos. Sin embargo nuestro organismo, que dispone de millones de años para buscar solución a los problemas, ha dado con la fórmula para salvar la inoperancia y obligarnos a actuar. ¿Cómo? Mediante las Emociones (las repasamos extensamente en capítulo aparte). Sin Emoción, excepto casos de urgencia vital, no hay Conducta por acción u omisión. CAPITULO III LA ADAPTACION A LOS PROBLEMAS EXTERNOS (SOCIALES O MEDIOAMBIENTALES) Todas las adaptaciones al medio (social o material) por su constante repetición a lo largo de milenios, se han ido haciendo genéticas, de manera que los individuos al nacer ya saben básicamente conducir su vida, sin necesidad de aprendizaje. Cuando decimos que algo se ha hecho genético, significamos que va impreso en la propia naturaleza, y que no podemos quitárnoslo de encima a corto ni medio plazo. Para modificar nuestra genética necesitaríamos los miles o millones de años que la Naturaleza tardó en irla conformando. La Naturaleza todo lo hace sin prisas y todo lo hace perfecto, eficaz, económico y con la coordinación necesaria (pensemos en un ecosistema). Las sociedades llamadas civilizadas, o de progreso, no paramos de meter la pata mediante nuestras leyes y cambios bruscos “de un día para otro”, según el eslogan que suene en el momento. De todas las adaptaciones que, a modo de ejemplo, antes hemos enumerado, hemos visto que algunas, es el propio organismo el que se encarga internamente de solucionar el problema; sin darnos cuenta, podríamos decir. El objeto de este ensayo es tratar de dar luz de forma organizada a los procesos referentes a la adaptación a los problemas que sólo pueden solucionarse con la conducta: acción u omisión, y para empujarnos a esa conducta contamos con las Emociones. En el reino animal, sin emoción (instinto) no hay conducta. Podríamos recoger estos problemas externos bajo 2 epígrafes: 1º Problemas con la Naturaleza (necesito comida, bebida, vestido, inhalar oxigeno, reproducirme, buscar sol, buscar sombra, descansar…Igual que cualquier otro animal). Emociones que nos empujan a satisfacerlos: hambre, sed, frío, asfixia, impulso sexual, fatiga… 2º Problemas derivados de la convivencia en Grupo. Aquí contemplaríamos infinidad de ellos (amor, odio, perdón, imagen, comunicación, patriotismo, competición…) La lista de Emociones se nos haría interminable. Estas emociones nacieron para nuestros antepasados, adecuadas a su forma de vida; no a la nuestra. Para hacernos una idea de estos problemas de relación social y sus correspondientes Emociones, es indispensable hacer un esfuerzo mental y situarnos en la perspectiva de lo que fue la vida de los seres humanos con una antigüedad de partida de 2 millones y medio de años (25.000 siglos), en que el Homo Habilis empezó a trabajar la piedra, hasta hace apenas 8.000 años que comenzara el frenético despegue de la sociedad del progreso de la mano de la agricultura y la ganadería sedentarias. A partir de entonces, podemos calificar el progreso como revolucionario e insostenible. Durante aquel lapso de millones de años, la vida transcurrió sin cambios relevantes y en las condiciones, científicamente conocidas, que sabemos: No existían las grandes y potentes aglomeraciones de personas. Las primeras “ciudades” empezaron a formarse no más allá de 6.000 años. Esto quiere decir que la sociedad estaba formada por grupos familiares o tribus, independientes lógicamente unas de otras. A veces serían competidoras por el territorio y a veces serían aliadas por motivos defensivos ante terceras tribus agresoras. Sabemos que eran nómadas y que vivían de lo que la naturaleza producía en el territorio que frecuentaban. La movilidad de los nómadas era incompatible con la propiedad privada, que se limitaría a utensilios domésticos y algunas sencillas herramientas. Existía la ocupación diaria y variada, pero no la dependencia laboral monotemática o especializada como hoy la conocemos. Tema importantísimo para entender aquellas relaciones humanas es el hecho de que la Ley escrita y formal no existía. Sin duda alguna existirían “leyes”, acuerdos y costumbres dentro del grupo, pero los más fuertes tendrían mil excusas “de peso” para hacer y deshacer sobre el derecho de los más débiles, incluido el derecho a la vida. ¿Qué componente del grupo podría pedir responsabilidades al jefe de la tribu, al brujo, al potente guerrero, al amigo del jefe…? Las normas existían, sin duda, pero sin fuerza (que es lo mismo que no existir). La “justicia” que en todo momento se imponía era la fuerza, entendida ésta no sólo en su sentido físico, sino también como valoración que el individuo recibía del resto de vecinos debido a sus cualidades o condicionamientos particulares beneficiosos, o temibles para la tribu, o al apoyo que recibía de familiares, amigos o aliados. CAPITULO IV LA JERARQUIA SOCIAL Y SUS LEYES La vida del individuo en aquella sociedad primitiva se resumía en 2 grandes contenidos: de una parte las cosas deseables o privilegios, y de otra las obligaciones indeseables. Lógicamente el individuo va a luchar por el máximo de privilegios y el mínimo de obligaciones. Pero los demás componentes de la tribu luchan por lo mismo. Empieza la competición entre todos. Cada privilegio u obligación es motivo de disputa. Con el tiempo el individuo observa que cada vez que lucha con alguien más fuerte que él (en el sentido amplio de fuerza que antes vimos), primero no consigue el privilegio, y segundo recibe una serie de golpes. Entonces –inteligentemente- decide no disputar con los fuertes, porque ya que no va a conseguir el privilegio, al menos se libra de los golpes. Así nace la Jerarquía o escalafón imaginario, que va a permitir al grupo desarrollar una vida social si no equitativa, sí al menos pacífica, con el mínimo de roces, con la consiguiente economía de esfuerzos. El individuo débil, en los últimos puestos de la Jerarquía, irá conformando su vida con lo que le deje el resto de la tribu. Leyes de la Jerarquía: 1º cada individuo se asigna para sí el puesto en jerarquía que considere conveniente y prudente: ni muy alto, porque originará muchos enfrentamientos con los de arriba y recibirá golpes innecesarios, ni muy bajo porque se perderá muchos privilegios o asumirá obligaciones fácilmente eludibles. 2º El individuo deseará y buscará la máxima fuerza para estar lo más alto posible. Tratará de cultivarse en méritos y valores útiles al grupo. Cualquier pérdida de fuerza de sus competidores será bien recibida (ley de la relatividad). Será por el contrario doloroso que los que están por encima de él (sobre todo los más cercanos) sigan aumentando su fuerza, porque no podrá nunca alcanzarlos, o que aumenten su fuerza los que están por debajo (sobre todo los más cercanos), porque lo alcanzarán. 3º El individuo disfrutará de los privilegios que le dejen los que están más altos que él en la jerarquía, y podrá imponer obligaciones a los que están más bajos. Toda esta rica y complicada estructuración jerárquica va a ir dando lugar a las distintas emociones sociales (el Amor y la Envidia, las reinas de todas ellas) como verdaderos pilotos automáticos que en cada momento empujan a actuar de la forma más conveniente para los intereses personales vitales de aquellos hombres primitivos. El problema para el hombre actual reside en que nuestras circunstancias han cambiado enormemente en todos los campos –y siguen evolucionando a velocidad geométrica-, de manera que nuestras actuales prioridades y conductas sociales chocan y frecuentemente se incompatibilizan con las necesidades impresas en nuestros genes durante miles de siglos. Esto encierra una gravedad muy superior a la que nos imaginamos, ya que la Felicidad está sujeta a la satisfacción o al control represivo de las ineludibles emociones. De manera que se puede afirmar sin miedo al error que el hombre cuanto más primitivo, más posibilidades de felicidad, porque las emociones estaban hechas a medida de su vida real, mientras a los hombres actuales nos resultan incomodísimas porque el “progreso” nos encorseta en formas y culturas donde aquellas emociones gravitan sobre nosotros a manera de lastre engorroso. Su funcionamiento genético nos sorprende por desconocido, y causa estragos en nuestra Felicidad. Afortunadamente nuestro aguante es genético, y nos permite ir tirando del carro de la vida a base de continuas represiones. Si por un momento pudiésemos meternos dentro de la camisa emocional de nuestros antepasados, nos costaría mucho despojarnos de ella, pero como esa camisa es inimaginable para nosotros, seguimos convencidos de que esto es lo bueno y aquello lo penoso. CAPITULO V LAS EMOCIONES. QUÉ SON. CÓMO FUNCIONAN. EL EQUIPO OPERATIVO EMOCION-INTELIGENCIA-MEMORIA. Para mejorar la posición en el grupo o tribu, como vimos en el capítulo anterior, van a ir adoptándose unos comportamientos o conductas, que con el paso de los milenios se harán genéticas, es decir terminarán produciéndose automáticamente sin necesidad de que la Inteligencia intervenga. Van en los genes y por ello no se puede prescindir de ellos a voluntad. La fuerza interna que me obliga a adoptar aquellos comportamientos o conductas se conoce como emoción, instinto, sentimiento, dolor, placer, bienestar, malestar, deseo, aversión. El organismo no entiende de nomenclaturas; todo lo recoge simplificado en dos conceptos: Lo que me gusta o deseo y lo que me desagrada o temo. Las emociones dirigen nuestra conducta con la ayuda e información que reciben, bien del análisis de la Inteligencia ( pensamiento o razón), bien directamente de los sentidos, o bien los dictámenes ya emitidos con anterioridad por la Inteligencia sobre temas similares (Memoria). La Inteligencia se encarga de estudiar las circunstancias concurrentes en el acontecimiento, convocando a la balanza a todas las emociones que puedan sentirse afectadas en la disyuntiva (Si las emociones no son convocadas por los sentidos, Inteligencia, o Memoria permanecen inactivas). El platillo que resulte de más peso decide, obligándonos a actuar en esa dirección. Por ejemplo: si tengo hambre (emoción) debería comer, sin embargo decido no comer porque a la vez se ha producido otra emoción más fuerte: “no puedo aumentar mi sobrepeso” Otro ejemplo: La Inteligencia me dice que salir en zapatillas a la calle resulta más cómodo, sin embargo la emoción de Imagen me lo impide, y me calzo los zapatos. La Inteligencia por sí sola, en ningún caso puede obligar a una conducta. Sólo la concurrencia de emociones puede decidir. Algunos ejemplos: Mi partido político lo está gobernando fatal; lo inteligente sería probar con otro partido; sin embargo en las próximas elecciones seguiré confiándoles mi voto. Sería inteligente ponerme a estudiar para aprobar el examen; sin embargo cierro el libro y me voy de discoteca. Llevo 20 años reñido con mi hermano por algo que ocurrió aisladamente. Cualquier persona con sentido común aconsejaría retomar las buenas relaciones, sin embargo hay algo dentro de mí (emoción) que me impide dar el primer paso. Cuento bien los chistes en casa. Ese chiste tan simpático que conozco bien, vendría muy a cuento sobre lo que hablamos en esta reunión; sin embargo no me decido a contarlo, y pierdo la ocasión de quedar bien. Necesito aflojar una tuerca y no tengo la llave adecuada. Sé que el vecino la tiene, pero me cae tan mal (emoción) que al final el trabajo se quedará sin hacer. Debería declarar mi amor a esta chica tan interesante. Sería una novia estupenda. Sin embargo el tiempo pasa y por algún motivo (Timidez) no me decido. Voy a comprar un reloj. Hay uno de 15 euros digital muy exacto y ligero. Sin embargo decido comprar uno de 300 enorme y muy pesado. Si hiciésemos una encuesta, el 90 % estarían de acuerdo en que el lujo en general es un concepto negativo y poco razonable. Sin embargo pedimos créditos bancarios para sufragar actividades lujosas. Si nos situamos en cualquiera de estos ejemplos (podrían citarse muchísimos más), y nos imaginamos que nosotros no somos los protagonistas sino meros espectadores, daremos un consejo en dirección opuesta a la decisión del protagonista. ¿Por qué?: El protagonista está directamente afectado por determinadas emociones. Los espectadores son ajenos a esas emociones y sólo ven el camino de lo razonable. Otro ejemplo ilustrativo del funcionamiento emocional: Un hombre entra en su domicilio y encuentra a su esposa en brazos de su amante. Inmediatamente saca del bolsillo un arma y dispara sin mediar palabra. Comentario: El hombre al entrar recibe un informe inmediato de la visión y de la memoria (hechos similares antes analizados). La gravedad es grande y la emoción es a medida de la gravedad. Tan es así que no deja tiempo a la Inteligencia de convocar a otras emociones que pudieran suavizar los efectos de la primera, y da la orden de disparar. Si el marido hubiese tenido que buscar el arma y esto le hubiese llevado un tiempo, la Inteligencia (lenta) hubiese podido convocar las emociones necesarias para contrarrestar la fuerza de la emoción fuerte, y hay muchas posibilidades de que los disparos no se hubiesen producido. Esas emociones contrarrestantes serían: El perjuicio de la cárcel, el deterioro de la imagen social, el escándalo mediático, el dolor causado a los hijos…etc. Esto le ocupa un tiempo a la Inteligencia. Aquí vendría recordar aquello de, bajo los efectos de una fuerte emoción, “contar hasta 10 antes de tomar una decisión”. Al contar damos tiempo a que la Inteligencia pueda hacer su trabajo y evitar acciones de las que podemos arrepentirnos con posterioridad. La emoción sin la información de la inteligencia, de los sentidos, o de la memoria permanece inactiva (necesita ser convocada a escena). La Inteligencia o razonamiento es lenta en su funcionamiento. Emite dictámenes muy analizados. La emoción es ciega e inmediata; por ello en casos vitales, de urgencia, o rutinarios actúa la emoción auxiliada por los sentidos y por la memoria, sin el concurso de la Inteligencia. Este último caso es el más interesante porque supone un amplio porcentaje de acciones que realizamos a lo largo del día, llevados únicamente de las emociones, como verdaderos pilotos automáticos, sin que tengamos para ello que ocupar a la inteligencia, que podrá dedicar su labor a otras disyuntivas más complicadas y analíticas. Por ejemplo: Me levanto cuando suena el despertador, saludo por la calle a los conocidos, pago el billete del bus, me sujeto en el bus para no caer, abro el paraguas si llueve, esquivo un obstáculo en la acera… ¿Cómo podría yo realizar mi vida si para cada una de estas acciones (que llamamos rutinarias, producto de la experiencia) tuviéramos que pedir opinión a la inteligencia? ¿Cómo podría la inteligencia, entorpecida de esta manera, dedicarse a temas más problemáticos y delicados?. La inteligencia las trabajó la primera vez que ocurrieron y a partir de aquel veredicto (como ocurre sabiamente en la administración de Justicia, cuando dictamina, sin necesidad de juicio, casos iguales a otro ya juzgado con anterioridad), las emociones –auxiliadas por la memoria- tienen vía libre para obligar a la acción. Esto lo entendemos fácilmente si sabemos que cuanta más experiencia alcanza una persona en un trabajo pasando las acciones al terreno de lo rutinario, mayor es la eficacia de sus actos. No tiene que pensar. El aprendiz sin experiencia debe las primeras veces pasarlo todo por la Inteligencia, y terminará como decimos “con la cabeza caliente” y sólo habrá producido en su jornada laboral la mitad que el experimentado. Las emociones actúan con garantías de automatismo, y sin ellas nuestra vida estaría muy entorpecida. La Inteligencia empieza por convocar a todas las emociones interesadas en la disyuntiva. La balanza de las emociones decide la acción, y ahora la Inteligencia vuelve a intervenir para organizar el desarrollo de la acción decidida. ¿De qué mecanismo se vale la emoción para obligarnos a la acción?: De dos mecanismos muy simples como son, de un lado, el dolor o el malestar cuando sucede o hacemos algo que suponemos es negativo para nuestros intereses (también ocurre cuando no se produce algo que deseábamos con ilusión, y lo llamamos Frustración). De otro lado, el mecanismo opuesto sería placer o bienestar con que nos recompensa el organismo después de suceder o haber hecho algo que suponemos es positivo para nosotros, o que lo ilusionamos con perspectiva de futuro (también ocurre cuando no se produce algo que temíamos). El malestar empuja a la acción, y el placer premia por el éxito obtenido. A veces emoción e inteligencia no se ponen de acuerdo y hay sufrimiento (Ej. me gustaría comer embutidos pero me perjudican y no debo). Más que no ponerse de acuerdo, se trata de que la inteligencia propone una nueva emoción: “El interés por no perjudicar al organismo”. Si analizamos este ejemplo vemos que una Inteligencia muy superlativa capaz de llegar muy lejos con consideraciones del tipo “el colesterol es grave, ayer también comí productos con colesterol y no puedo abusar, tengo antecedentes familiares con problemas circulatorios, quiero vivir muchísimos años, no debo pasar por la puerta de la charcutería, el colesterol produce más muertes que la carretera…” se erigiría en enemiga del desarrollo armonioso y placentero de la propia vida . Otra persona “menos” inteligente (esto se llamaría “inteligencia emocional” o como diría Aristóteles “en medio está la virtud”) no llega a un análisis tan exhaustivo y perfeccionista. Consecuentemente produce una emoción débil que no impedirá que el platillo se incline del lado de los embutidos, aunque sea moderadamente. Una gran inteligencia puede ser -de hecho es- fuente de problemas en la propia vida emocional. Un coeficiente intelectual más corto, que no acierte a contemplar tantos problemas puede dar más felicidad y disfrute a su dueño. Para la consecución de la propia felicidad la satisfacción de las emociones debe ser prioritaria y debe acotar moderadamente la actividad de la inteligencia. De vez en cuando, resulta saludable decir “hago esto porque me da la gana, y punto”. Hay personas que, por alguna causa, tienen disminuida su capacidad intelectual. Les resulta muy difícil alcanzar objetivos, pero su frecuente sonrisa y entusiasmo nos revela una felicidad o armonía interior muy superior a otras personas con un CI normal o más alto y que alcanzaron metas elevadas. Las emociones nacieron para resolver problemas o carencias de nuestra existencia, y el primer paso para que el organismo actúe, es “pincharle” desagradablemente con la emoción, sentimiento o deseo correspondiente. Mejorado el problema, el organismo refuerza y aplaude nuestra actuación liberando sustancias, conocidas como endorfinas y otras, que nos producen placer, bienestar, tranquilidad o descanso (felicidad). Estas sustancias tienen lógicamente un efecto transitorio, de manera que la sensación de felicidad de la que disfrutábamos ayer, a pesar de que las circunstancias que la originaron continúan, hoy nos ha abandonado y nos vemos enredados en nuevas emociones molestas que trabajan en otros frentes, abiertos para “mejorar” nuestra vida. La sensación de Felicidad no puede ser duradera, 1º porque nuestro organismo necesita, supongo, tiempo y materiales escasos para sintetizar las sustancias que producen felicidad. La felicidad es un potente excitante, comparable al que producen las drogas. 2º porque una sensación de felicidad continua, haría que nos despreocupásemos del timón, y nuestra vida se convertiría en un desastre por inoperancia. Esto sería siempre calificado negativamente como “dormirse en los laureles” o “vivir en las nubes”. Un poco lo que vemos en los consumidores habituales de drogas. En una vida feliz, la Felicidad aparece y desaparece en ciclos de obligatoria alternancia, que no debe ser motivo de preocupación. La felicidad se deja ver poco en una vida opulenta. Cuanto más la buscamos (Preocupación) más entorpecemos su aparición. Nunca aparece de forma caprichosa; siempre hay un motivo emocional, que a veces ni nosotros mismos detectamos, porque se produce de forma automática. Lo mismo sea dicho del malestar o infelicidad. El Placer es el bienestar o premio que nuestro organismo nos concede cuando solucionamos un problema o satisfacemos una necesidad. A más problema o necesidad, más placer. A menos necesidad (la mal llamada “sociedad del bienestar”) menos placer, hasta llegar a placer casi cero. Normalmente los placeres los identificamos con las necesidades vitales (comida, bebida, respiración, abrigo, reproducción, descanso…) y sabemos qué órganos corporales concretos son los implicados en la satisfacción. No pueden reprimirse por mucho tiempo. El resto de los placeres, al no ser de necesidad vital pueden, con mayor o menor dolor, reprimirse, y sucede que nosotros sentimos malestar pero no lo asociamos al placer reprimido, de manera que nosotros notamos que no somos felices pero no sabemos el motivo (“…si lo tengo todo”), y lógicamente no podemos –por desconocimiento- poner los medios para mejorar. Cuando hablamos de Placer no podemos limitarnos al crucero, el caviar, los cubalibres, las marcas y la lujuria (todos ellos muy ligados al euro). Debemos levantar un poco el horizonte de nuestra vida y descubrir placeres naturales gratuitos que están ahí en nuestra genética impresos, esperando a que les hagamos caso (en el apartado que se habla de las “asignaturas” que puntúan para aprobar el curso de la Felicidad, se tratan extensamente estas emociones o placeres ocultos y frecuentemente desatendidos, quizá porque no guardan relación con el dinero y no sirven para mejorar nuestra Imagen porque no tienen precio cuantificable). Solemos utilizar el término placer para referirnos a satisfacciones relacionadas con los sentidos o fisiológicas. Por el contrario utilizamos el término Felicidad para referirnos a logros de tipo espiritual, o para hacer una valoración general de nuestra vida o de nuestro estado de ánimo. Se trata de nomenclaturas, pero no de conceptos distintos. El placer, podríamos decir, es uno de los componentes de la felicidad: Soy feliz, entre otras cosas, porque en mi vida se produce frecuentemente el placer. La Felicidad sería como el curso que hay que aprobar y los distintos Placeres serían las asignaturas. De cualquier forma parece absurdo enredarnos en buscar diferencias a conceptos que continuamente están coincidiendo y solapándose en una misma identidad. El grado de felicidad o de placer va a depender del grado de insatisfacción previo (no es lo mismo llevar 2 horas sin comer que llevar 2 días. Problemas más arduos o insatisfacciones más grandes producirán placeres más grandes, y a la inversa) De la definición que hacemos de Placer hablamos de “premio”. Los premios no se conceden continuamente. Todo premio debe ir precedido obligatoriamente de una etapa de trabajo, entrenamiento o sufrimiento. Si queremos un nuevo premio, debemos pasar por otra etapa de sacrificio. Así vemos la alternancia Sacrificio-Premio. Hablamos de “necesidad” o “problema”. Hay necesidades genéticas concretas, ineludibles (el cariño, la paz, la justicia, el consuelo, la trascendencia, la libertad, lazos familiares, la amistad, la imagen competitiva, integración en el grupo, tranquilidad o tiempo suficiente, la compasión o misericordia, la comida, bebida, abrigo, caza, juego, la exploración o viaje, el sol, el fuego, la danza, el canto…) Hay otras “necesidades”, infinitas y no genéticas (consumismo). De ellas algunas son necesarias y otras sobrepasan los límites de lo necesario, con una relación necesidad-costo muy baja. Si no se tiene noticia de ellas no nos restan felicidad (esto habla de la influencia negativa de medios de comunicación y publicidad); al conocerlas se produce el malestar de “carencia” que empuja a conseguirlas, máxime si el resto del grupo ya lo ha hecho. El mal grave aparece en el momento que al ser infinitas, para satisfacerlas necesitamos dedicar al trabajo asalariado un tiempo excesivo que hay que sacarlo ¿de dónde y cómo?: incumpliendo necesidades genéticas antes enumeradas (muy menospreciadas porque ninguna de ellas puede cuantificarse en €. Sin embargo unos zapatos de piel de cocodrilo, un móvil de penúltima generación, unas llantas de aleación, un lavavajillas con música, un crucero… sí podemos valorarlos en €). Cada artículo de consumo, aparte de su precio de venta, lleva aparejada una pequeña esclavitud en concepto de adquisición, mantenimiento y protección. Esa pequeña esclavitud, sumada a infinidad de otras pequeñas esclavitudes, nos hacen esclavos de autentica solemnidad. Esas necesidades genéticas, desatendidas e infravaloradas, nos producen una falta de felicidad que no entendemos ¿Cómo es posible que no encuentre felicidad con la cantidad de dinero de que dispongo y gasto?. Escapa a nuestra lógica que sociedades pobres y no consumistas o tercermundistas, den generalmente síntomas externos inequívocos de felicidad. Sencillamente pueden permitirse el lujo de atender mejor sus necesidades genéticas porque al no sufrir la esclavitud consumista, disponen del tiempo necesario para ello. El día que por una ventana se asomen a la sociedad de consumo y comparen, inmediatamente sacan el billete para la patera, sin sospechar ellos que la insatisfacción de las necesidades genéticas es el alto precio que deberán pagar para satisfacer las necesidades consumistas. Es lo que llamaríamos “cambiar la seda por el percal”. Es cambiar lo gratuito por lo costoso. De la definición de Placer, también deducimos que la necesidad debe estar desatendida: Para paladear la victoria, debemos conocer con anterioridad el descalabro o el sacrificio invertido en conseguirla. Para disfrutar de la comida hay que tener hambre. Puede disfrutar de calorcito quien viene de un ambiente frío. Sólo puede disfrutar del descanso quien está fatigado. Nos alegramos de ver a alguien que llevamos tiempo sin verlo… Cuando lo tenemos todo continuamente “atendido”, dificultamos el placer. Cuanto más dinero tengo, más necesidades tengo “atendidas” ¿ cómo voy a procurarme placer? El placer se ahoga en la abundancia. El término “satisfecho” (feliz) hace referencia a que hemos dado satisfacción a una necesidad. Una vez satisfecho, paso a la situación de “harto” en la que no se puede seguir adelante con el Placer. La No felicidad, mal humor, preocupación, frustración, estrés o tristeza es la sensación de malestar con la que nuestro cuerpo nos alerta de que las previsiones vitales de felicidad o de mejora no se están cumpliendo. Nuestra vida no va bien y algo hay que hacer para salir de la frustración o vacío. Pero ¿Por qué con frecuencia me encuentro Infeliz y molesto si no hay ningún órgano corporal concreto que me moleste ni tengo ningún problema importante en mi vida?. Hay necesidades evidentes (todos las conocemos) como el hambre, la sed, el éxito propio, el éxito de los hijos, la imagen social…y hay otras necesidades o emociones desconocidas, ocultas o poco tomadas en consideración (nadie nos dijo que había que atenderlas), pero que a nuestro organismo no pasan desapercibidas, como la necesidad de hacer el bien, el cuidado y roce físico de nuestros familiares próximos, la tranquilidad, el descanso necesario y suficiente, la intensidad suficiente en los placeres… El Malestar, en cualquiera de sus manifestaciones antes subrayadas, es incompatible con el Placer o Felicidad; cuando menos les restaría intensidad. Sería incongruente recibir un castigo y un premio simultáneamente. La Naturaleza es sabia. El disfrute de los placeres queda desactivado o debilitado hasta tanto no se disipe el malestar; precisamente para obligar a que se solucione. Esto es de gran trascendencia para nuestra vida emocional, porque podemos vernos inmersos en situaciones duraderas de preocupación o estrés que pueden dar al traste con el disfrute de una vida placentera. Pensemos, a modo de ejemplo, en la impotencia sexual por estrés. Pensemos en nuestras grandes preocupaciones –desconocidas en el tercer mundo- (vivienda, trabajo, imagen externa, el cuidado de la salud en un hábitat químicamente agresivo, abandono de los progenitores, progreso de la soledad, relaciones de pareja, adolescencia de los hijos, grandes decisiones económicas…) Todo esto nos lleva a un bloqueo más o menos acentuado del Placer, y cuando el organismo no puede aguantar más este “mono de placer”, rompe de forma revolucionaria en Depresión. El malestar, además de molestar, nos priva de otros placeres. Son incompatibles. Resultaría utópico en la sociedad consumista pensar en despojarnos de las grandes preocupaciones generadoras de malestar. FUNCIONAMIENTO DE LAS EMOCIONES: Beneficio subjetivo grande: emoción agradable grande Perjuicio o problema subjetivo grande: emoción desagradable grande Las emociones se manifiestan con distintos grados de intensidad. De ahí la importancia personal de subrayar las buenas y atenuar las improcedentes (Control emocional). ¿Cómo?: Con la ayuda de la Inteligencia (los pensamientos). Si el individuo considera que una situación le es beneficiosa, habrá una respuesta emocional agradable proporcional al beneficio. Si el individuo considera perjudicial una situación o hecho, habrá una respuesta emocional dolorosa proporcional al perjuicio. Cada una de nuestras acciones va precedida de una emoción o varias. Por eso no somos libres, tal como nosotros entendemos la Libertad. Nuestras acciones no son fruto de nuestra pretendida Libertad sino mera respuesta al combinado de una amplísima gama de emociones. La persona libre haría necedades y locuras ya que haría las cosas tal como le viniesen a la cabeza, sin atenerse a su interés real. Así únicamente pueden actuar los que, por alguna causa, ven afectado el normal funcionamiento de la Inteligencia. La intensidad e importancia de cada una de las emociones, además de la peculiaridad genética, se ve en el individuo modificada por la cultura o educación recibida en la infancia, de manera que en la balanza de las emociones que intervienen a la vez en un mismo caso, se producirá una toma de decisiones distinta de unas personas a otras. Por eso nos vemos tan diferentes unos de otros, porque son muchas las emociones intercurrentes, y de muy distinta valoración personal. Los animales tienen muchísimas menos emociones y sus comportamientos son, dentro de la especie, muy homogéneos y predecibles. La Inteligencia actúa (cuando no hay urgencia vital) de manera que aporta datos y análisis que pueden modificar el grado de sensación subjetiva de beneficio o perjuicio ( aumentándolas o disminuyéndolas). La Inteligencia no puede imponerse a las emociones, pero sí puede controlarlas “engañándolas” o convenciéndolas según nuestro interés, mediante la activación o puesta en escena de otras emociones de signo contrario (Control emocional). Nuestros antepasados no necesitaban control emocional porque, lo que dictaban sus emociones era justo lo que convenía hacer. Había muy poca discrepancia entre emoción y razón o inteligencia, puesto que las emociones habían nacido para empujar la conducta a lo más razonable. Nosotros sí necesitamos control emocional porque nuestro sistema de vida, muy distinto al de nuestros antepasados, nos impone continuamente la represión o control del impulso que nos manda la emoción: Hace mucho calor y me gustaría ir desnudo por la calle, pero la inteligencia me dice que puedo tener problemas más graves que el calor; por tanto me reprimo. Me gustaría decirle cuatro verdades a mi jefe, pero no se las digo porque me costaría caro. Me gustaría ir con la camiseta del Real Madrid al trabajo, pero mejor no porque el jefe es del Barcelona. Me gustaría cantarle las cuarenta a quien me quitó la novia, pero me puede costar un dinero. Me gustaría hacerme una casita a orilla del mar, pero no me lo permiten. Me gustaría sujetar el filete con la mano y empezar a darle mordiscos, pero quedaría mal; mejor utilizo tenedor y cuchillo. Este niño se merece dos azotes bien dados, pero no debo hacerlo porque está prohibido. Me gustaría hartarme de morcilla, pero el Dr. o la báscula me lo impiden… En todos estos casos vemos una lucha dolorosa entre lo que me gustaría (emoción) y lo que, en evitación de males mayores, la razón o inteligencia me aconseja. Si actúo conforme a la emoción, tendría problemas, y por tanto me reprimo y no actúo (control emocional). La satisfacción de nuestras emociones constituye la base de nuestra calidad de vida (un extremo). La represión de las emociones se sitúa en el extremo opuesto. Recordemos que en medio de los dos extremos se situaría la mejor opción. Hay veces que tengo que reprimir y otras que debo satisfacer. EJEMPLO DE CONTROL EMOCIONAL Caso “a”: Abro la puerta de mi piso y veo que lo han saqueado los ladrones. El daño es grande y el malestar que me produce es grande. Tengo que procurar con todas mis fuerzas que se localice al ladrón para que se aminore el perjuicio y aminore mi malestar. Mientras no aparezca el ladrón persistirá el malestar que es quien impulsa la acción de búsqueda y castigo. El ladrón nunca aparece y mi malestar continúa largo tiempo. Caso “b”: Abro la puerta de mi piso y veo que lo han saqueado los ladrones. El daño es grande y el malestar que me produce es grande. Sin embargo la Inteligencia empieza a controlar la emoción dolorosa, colocando en el otro platillo de la balanza emociones de signo contrario: “tengo un seguro muy bueno”, “yo ya estaba cansado de los electrodomésticos tan anticuados y pensaba comprar otros nuevos”… Empieza a bajar el nivel de malestar (incluso podría darse el caso que desembocara en alegría, con la Ilusión de cómo va a quedar mi nuevo piso con los nuevos muebles) de manera que ni me molesto en localizar al ladrón, duermo tranquilamente y mi vida continúa sin malestar. La persona del caso “a” no hace nada por controlar su emoción. No sólo ha perdido los muebles sino que encima ha perdido su felicidad por largo tiempo. La persona del caso “b” ha perdido los muebles pero no ha perdido su felicidad. Estas conclusiones presuponen que va a ser casi imposible encontrar al ladrón. Si hubiese claras posibilidades de encontrarlo, el primer caso estaría más acertado que el segundo, porque el malestar le empuja a localizarlo, mientras el caso ”b”, al no sentir malestar, se despreocupará de la búsqueda y lógicamente no encontrará los muebles. La inteligencia aconsejará en cada caso cuál debe ser la mejor conducta. Las emociones también pueden influir sobre la inteligencia: Si estoy encaprichado con algo, la ilusión subrayará el lado positivo del asunto, y para engañar y distraer a la inteligencia, ignorará o maquillará la cara negativa (caso de los enamoramientos inconvenientes). La Emoción ilusionante puede “taparse los oídos” a la voz de la Inteligencia o razón. De ahí aquello de que “el amor es ciego”. La Inteligencia puede modificar la verdadera realidad por nuestro interés, pero como no podemos engañarnos a nosotros mismos, existe lo que, de forma coloquial, podríamos llamar “la voz de la conciencia”, que en todo momento nos recuerda esa dolorosa realidad que no podemos ignorar a pesar de haber intentado maquillarla. Hay un funcionamiento de URGENCIA que no necesita el concurso de la Inteligencia (muy lenta en su funcionamiento): Por ejemplo, voy con el coche por la carretera. Encuentro un obstáculo repentino insalvable (sentido de la vista). La memoria instantáneamente recuerda los casos similares que he visto o me han contado con anterioridad, con resultado mortal. “El estómago se me viene a la garganta”(malestar grande e inmediato) e inconscientemente piso el freno o doy un volantazo. Las Emociones pueden actuar directamente con la información recibida de los sentidos y de la Memoria ( la Memoria va almacenando datos de la experiencia de casos propios o ajenos, vividos o conocidos), sin necesidad de que intervenga la Inteligencia: desde mi casa oigo alguien hablando en la calle (sentido del oído) reconozco la voz de mi amigo (memoria); salgo inmediatamente a encontrarme con él. La inteligencia no ha necesitado elaborar ningún estudio para realizar la acción automática. La Inteligencia puede continuar con el pensamiento analítico que la ocupaba, y a la vez estamos saliendo a vernos con nuestro amigo. Un 90% de las acciones de nuestra vida, llamadas rutinarias, se realizan gracias a nuestra memoria operativa. Esto permite a la Inteligencia seguir trabajando en ese otro 10% de problemas para los que buscamos una solución más complicada. De la satisfacción de una necesidad presuntamente beneficiosa para el individuo, nace una sensación placentera (ya he resuelto la necesidad, fin del problema) Esa sensación placentera hace funciones de incentivo, para propiciar que en el futuro vuelva a satisfacerse la necesidad. Mientras la necesidad no se satisfaga, hay sensación de malestar (que será la fuerza que me obligue y empuje a solucionar el problema y conseguir el incentivo placentero) si ese malestar no existiese (me da igual blanco que negro), pasaríamos página sobre el problema y quedaría sin resolver, resultando así empobrecida nuestra vida. Diríamos en este caso que la persona es indolente o “pasota”. Las emociones conducen nuestra vida con garantías de automatismo. La inteligencia es lenta y voluntaria. Las emociones son rápidas e inconscientes (son pilotos automáticos de nuestro comportamiento. Esa es su virtud y ese su inconveniente. Al ser automáticas no podemos eludirlas cuando, por determinadas circunstancias, resultan inconvenientes). Si suprimiésemos todas las emociones, la vida sería un caos porque a la inteligencia se le amontonaría el trabajo y por la premura de los acontecimientos las decisiones se tomarían de forma arriesgada, tardía o incluso no llegarían a tomarse. La inteligencia ayuda a reducir la severidad de las emociones coyunturalmente inconvenientes (control emocional); anularlas totalmente es casi imposible. La emoción dice negro, la inteligencia propone blanco (opuesto), y así al final quedará el gris, liberándonos por tanto del negro total excesivo. Cuanto más blanco aporte la inteligencia, más claro resultará el gris, y más lejos estaremos del negro total que nos hace un daño infructuoso. Así las personas más inteligentes y analíticas, saldrán más fácilmente de situaciones de ansiedad y depresión, y todo lo contrario ocurrirá a las personas menos reflexivas que se entregan de lleno a la tiranía de sus emociones sin ningún tipo de control o freno. Decimos que las personas más inteligentes disponen de más recursos para salir de la depresión, pero paradójicamente son más propensas a entrar en ella, ya que son capaces de ver en los problemas una complejidad y “gravedad” que los menos inteligentes, por suerte, no alcanzan a contemplar. Las emociones se formaron y fueron muy válidas en tiempos prehistóricos. Nacieron a medida de las necesidades de aquellos hombres cuya vida evolucionaba muy lentamente. En las civilizaciones actuales, los cambios son tan vertiginosos que nuestra genética (formada a lo largo de milenios) se ve sorprendida e incomodada de forma traumática por los novísimos estilos de vida, produciéndonos situaciones de descontento o falta de felicidad. Tratamos de ignorarlas pero ellas (las emociones) son las reinas de nuestro estado de ánimo. MECANICA DE LAS EMOCIONES Y JERARQUIA DE GRUPO. El sentimiento o emoción controla nuestros pasos de manera sencilla, automática y eficaz, basada en el principio de doble rienda: Malestar (daño, abstinencia, carencia…infelicidad) – Bienestar (placer, descanso, tranquilidad…felicidad). Sufro, por ejemplo, una abstinencia o un daño, calificado previamente como tal por la inteligencia . Inmediatamente interviene la emoción correspondiente que pone en funcionamiento las hormonas o sustancias desencadenantes del malestar. Este malestar obliga a la inteligencia a organizar (sin perder de vista otras emociones concurrentes) la acción o abstención tendente a mejorar el problema. Conseguidos los fines, el organismo aplaude el éxito obtenido, mediante la hormona o sustancia del bienestar (placer, tranquilidad, descanso…). Si la reparación del daño escapa a nuestras posibilidades, el malestar continúa (lo llamamos frustración, impotencia). Si el daño era poco importante, o siéndolo, la inteligencia consiguió devaluarlo (recordemos la fábula de la zorra y las uvas) nuevas emociones positivas ocuparán nuestra vida, y el daño irá perdiendo fuerza hasta quedar en el olvido, quizás como un mal recuerdo. Si el daño es muy importante, no nos resignamos y seguimos hurgando en el problema irresoluble, el malestar se eterniza hasta que el organismo, ante tanto malestar sin descanso y sin satisfacción, sólo encuentra un camino drástico de poner fin a la situación dolorosa: La depresión, con la que el organismo nos dice en tono revolucionario algo así como: “Si tú eres incapaz de resignarte al problema y devolverme la tranquilidad, yo pondré los medios para obligarte a dejar esta lucha tan infructuosa, porque así no podemos seguir.” EJEMPLO DE FORMACIÓN DE LA JERARQUIA SOCIAL Ejemplo: hemos salido los dos a buscar comida y sólo hemos encontrado una manzana. Si yo me la como, te dejo a ti sin ella. Esto va a originar una confrontación para ver quién se come la manzana. Se la comerá el que más fuerza tenga. Los dos luchamos por la manzana. El otro tiene más fuerza que yo, y el resultado es que no me he comido la manzana y encima he recibido en la confrontación 4 bofetadas. La próxima vez que encontremos una manzana, y visto que él continúa siendo más fuerte que yo, lo más inteligente por mi parte será cederle directamente la manzana al otro y al menos me ahorro las 4 bofetadas. Esta mecánica va a repetirse en todos los repartos y de este modo nace la Jerarquía del grupo, que podemos definirla como la especial y tácita ordenación interna del grupo, que permite un reparto de los bienes no equitativo, pero al menos con el máximo ahorro de disputas inútiles. La Jerarquía tiene sus leyes: (A) Los individuos se ordenan en el grupo por su fuerza total demostrada o aparente. (B) La ordenación jerárquica puede sufrir cambios por nuevos acontecimientos (puedo subir o puedo bajar en el nivel jerárquico según mi fuerza total aumente o disminuya). (C) En la ordenación o escalafón, el de arriba tiene prioridad sobre los de abajo en el reparto de los bienes, y a la vez carga a éstos con las obligaciones molestas desagradables o peligrosas. Ampliamos el punto (A): Para determinar la Fuerza Total se valoraría: – La fuerza física personal – La fuerza de las ayudas (familiares, amigos, aliados, simpatizantes…) – El apoyo de personas con fuerza reconocida en el grupo (jefe, líder, héroe salvador, hechicero, adivino…) – Los valores personales que benefician, alegran o deleitan al grupo y que otros individuos no tienen o tienen en menor medida: Por ejemplo, conocer técnicas especiales de artesanía, conocimiento meteorología, conocimiento del fuego, buen sentido de orientación, conocimiento amplio del territorio, inteligencia para resolver problemas, inventor de estrategias defensivas u ofensivas, perfeccionamiento en la construcción de armas, o trampas, construcción de chozas o habitáculos, dotes para la caza, amabilidad, simpatía, dotes de canto, belleza o armonía física, y un largo etc. que podemos imaginar. – La capacidad de persuasión. Ampliamos el punto (B): La ordenación jerárquica no es estática sino que se va adecuando a las circunstancias cambiantes: Por ejemplo, en mi tribu de 100 individuos, yo me encuentro aproximadamente en el puesto 50, es decir tengo por encima 49 individuos que pueden abusar de mis “derechos” y darme órdenes coercitivas desagradables; yo empezaré a comer cuando ellos terminen (comeré lo que me dejen); detrás de mí hay otros 49 de los que yo puedo abusar, y a los que puedo dar órdenes; ellos empezarán a comer cuando yo termine. Podemos concretar que para mí existen 2 grupos en la tribu: A los primeros 49 los llamaré “abusones” y a los últimos 49 los llamaré “pupas”. Me interesa (es para mí buena noticia) que cualquiera de los “abusones” tenga problemas que les hagan perder puntuación, de manera que yo pueda alcanzarlos más fácilmente. No me interesa (es mala noticia) que cualquiera de ellos se revalorice con nuevos méritos, porque consolidan su superioridad y me dificulta poder alcanzarlos. Igual me ocurrirá con los “pupas”: No me interesa que mejoren sus méritos porque podrían situarse delante de mí. Si pierden méritos, mejor, porque tendrán más dificultad en alcanzarme. Todas estas variaciones me afectan tanto más cuanto más cerca de mi puesto escalafonal esté el compañero en cuestión. De manera que los que están en puestos muy lejanos, tanto por arriba como por abajo, me afectan de manera muy débil, porque no compiten conmigo. Cómo me ayudo yo en el terreno de la jerarquía. En una doble dirección, la 1ª cultivándome continuamente para mejorar o conseguir nuevos méritos personales (forma noble). La 2ª dificultando los méritos de los demás con una conducta picaresca impulsada por la Envidia. Esta emoción era una herramienta de trabajo importantísima en la prehistoria. Podía ir en ello la vida. Ampliamos el punto (C):A la vista de la valoración que hicimos en el punto (A), cada individuo, conociendo sus méritos y conociendo los de los demás ( aquí vemos la necesidad del sano “cotilleo”), se asigna para sí un puesto razonable e imaginario en el escalafón del grupo. Esta asignación es sincera y sería imprudente intentar calificarse mucho más alto: Sería de tontos competir con alguien mucho más alto en el escalafón: perderíamos el bien y encima llevaríamos las 4 bofetadas. El extremo opuesto sería también negativo, es decir si nos valoramos más bajo de nuestros merecimientos reales, esto nos asegura que nunca nos darán las 4 bofetadas, pero en los repartos, continuamente estaremos perdiendo unos bienes a los que podríamos acceder sin mayores problemas (esto lo conocemos con el nombre de Timidez). Ni un extremo ni otro, en medio estaría la virtud. Es decir una valoración un poquitín alta ( autoestimandonos) de manera que nos aseguremos el máximo de beneficios aunque de vez en cuando caiga alguna bofetada esporádica. Cada uno aspirará a la máxima puntuación para situarse lo más alto posible en el escalafón, y así alcanzar el máximo de privilegios y el mínimo de obligaciones. La Jerarquía impregnaba en la antigüedad todos los campos de la vida. Empezó a perder fuerza con la aparición de los grandes focos de población y la necesidad de regirse por normas escritas. Ahora el ciudadano ve protegidos sus derechos, y a la vez se ve impedido de ejercer personalmente la justicia para equilibrar sus problemas sociales, como antes hacía, porque la Ley lo protege a él, pero también al resto de ciudadanos, de manera que no puedan agredirse unos a otros a voluntad. Ahora la Jerarquía sólo queda vigente y visible en las relaciones laborales y en el poder, y aún así de forma limitada. REGULADORES AUTOMATICOS DE LA CONDUCTA La Emoción es el impulso imprescindible para la acción. Todos nuestros actos van precedidos de una emoción. Las tendencias, inclinaciones, aversiones, instintos, funcionan igual que las emociones y pueden quedar englobadas en el mismo concepto. En un principio los seres humanos éramos como los animales, es decir con muy pocas emociones (hambre, sed, deseo de reproducción, protección de la prole, temor relacionado con la supervivencia, y alguna más. Hay animales, como el zorro o la ardilla, que conocen el ahorro y guardan sus excedentes alimentarios). La vida para ellos es muy simple. A medida que nuestro cerebro fue aumentando su capacidad, se fueron abriendo nuevos horizontes, nuevos cambios y por consiguiente nuevos problemas a los que había que dar solución. Por ejemplo: inventamos la camisa para abrigarnos, y enganchada a ella nos aparece un inconveniente que hay que solucionar: nos la roban los compañeros, cosa que antes –lógicamente- no ocurría. Podríamos seguir poniendo infinitos ejemplos, pero concluyamos que todo cambio enriquece la anterior situación pero a la vez necesita de unos ajustes y servidumbres que pueden afectar y complicar el anterior ordenamiento (invento la camisa, mi vida mejora, tengo que defenderla, me quita el sueño, mi vida mejoró con la camisa pero empeoró en otra dirección). Así las emociones sociales fueron multiplicándose y alejándonos cada vez más visiblemente del resto de los animales. Quiere decir que las emociones no tienen todas la misma antigüedad. Hay algunas más primitivas –las más vitales diríamos- y otras de aparición posterior nacidas para ajustar nuestra conducta al grupo. A más antigüedad más arraigadas están en nuestra genética y resulta más difícil controlarlas. Entre éstas podríamos destacar por encima de todas el Gregarismo, que unido a los potentes medios de comunicación actuales, convierten al individuo en marioneta, conduciéndolo por caminos fuera de toda lógica y razón. El individuo lo sabe. Todos lo sabemos; sin embargo nadie se atreve a dar un paso en dirección contraria al grupo. El individuo no encuentra cauce para manifestar sus opiniones a la masa, pero el dinero (los medios de comunicación) sí. Cada una de los reguladores de conducta conlleva una sensación de Bienestar o bien de Malestar. El Bienestar nos sirve como refuerzo o premio por haber solucionado un problema, o satisfecho una carencia, y va precedido del Malestar que nos produce ese problema o carencia. Tengo un problema o algo que creo me perjudica, según me informa la Inteligencia. Inmediatamente se produce un malestar que no es más que el empujón (e-moción) que necesito para dirigir mi conducta a la solución. Cuando llega esa solución viene acompañada de un bienestar, que hace de refuerzo o premio, de manera que en problemas sucesivos similares nos motivaremos a resolverlos. ¿Qué ocurriría si ante un problema ( por ej. “hace frío”) yo no sintiese malestar? Pues sencillamente, podría ocurrir que me dejara morir de frío sin darme cuenta. Afortunadamente siento ese malestar y actúo: me acerco al fuego e inmediatamente mi cuerpo me lo agradece ofreciéndome un gran bienestar. Para que el bienestar se produzca debe ir precedido anteriormente de un problema, malestar, o carencia. Cuando desaparece el problema o se satisface la carencia, al poco se diluye el bienestar: En el ejemplo anterior, cuando tenía frío y me acerqué al fuego, sentí bienestar. Pasado un tiempo de la desaparición del frío, desapareció el bienestar. Me quedé sin nada: sin problema, sin malestar y sin bienestar. Sean bien venidos los problemas, que nos harán sentir vivos. No me refiero a los terribles problemas modernos nunca antes conocidos (hipotecas, adolescencias de 20 años de duración, problemas post-divorcio, trabajo repetitivo e insatisfactorio de por vida…) El término “sociedad del bienestar” no es totalmente exacto. Está basado en evitarnos los pequeños problemas y tener cubiertas todas las necesidades y carencias, de manera que el Placer queda ahogado en la abundancia. Esto es importantísimo y muy a tener en cuenta. No va a disfrutar más de la comida quien tiene el frigorífico abarrotado, sino quien tiene mucho hambre. Filosóficamente es importante concluir que para sentir que nuestra vida va bien, no podemos partir de una situación de “no problemas” o de “tenerlo todo”. Si quiero sentir el bienestar del calor, tengo que partir de una situación problemática de frío. Nuestra equivocación radica en que asociamos las situaciones problemáticas productoras de malestar, con algo a evitar (parece lógico). Parece lógico pensar que es mejor no sentir frío que sentirlo. Bajo esta lógica engañosa tomamos medidas para anticiparnos al frío y así nunca sentimos el bienestar de calentarnos. El ser humano está genéticamente adaptado a encarar problemas y buscar soluciones (siempre fue así), y aunque no parezca lógico, esto es lo placentero. Lo terrible es la ausencia de problemas. Esto lo vemos claro en el ejemplo de los crucigramas o similares: Es un problema que voluntariamente buscamos para sentir el placer de resolverlo. Podría ver la solución en la última página pero no lo hago. El placer del bricolaje no es otra cosa que afrontar una serie de problemas, dificultades y costos para fabricar un artículo que encontraríamos en el mercado mejor y más barato, pero hemos superado las dificultades y generado bienestar. Los países que llamamos tercermundistas (más problemas) está estudiado que tienen mejor salud mental que los muy desarrollados. Este dato debería considerarse en su punto de gravedad y tener claro sin miedo a equivocarnos, que algo falla en nuestro concepto de “progreso”. Hemos pasado del término medio aristotélico que presidía la vida de nuestros antepasados, al extremo revolucionario, insostenible y perjudicial. Cuando al problema que nos afecta de manera real o imaginaria, pasa el tiempo y no le vemos solución aceptable, sólo sentimos el malestar y no alcanzamos la satisfacción o bienestar. Si la situación problemática se prolonga y no somos capaces de aparcarla, ese malestar sin fin que nunca se equilibra con bienestar, va a desembocar en trastorno psicológico más grave o enfermedad depresiva. Estamos genéticamente diseñados para alternar malestar y placer, pero no para ahogar los placeres en un malestar indefinido. El placer o felicidad nos puede llegar por dos caminos: uno el de la solución del problema o satisfacción de necesidad o carencia. La naturaleza que es sabia, inventa un nuevo cauce para enriquecer nuestra vida: La Ilusión. Es el camino que recorremos para llegar a una meta positiva y asequible, más allá de las necesidades de una carencia imperiosa. La Inteligencia debe dar su veredicto sobre la viabilidad de la meta, que llevará –como es lógico- algunos costes. La Ilusión es la fuerza y Bienestar duradero que nos permite acometer la empresa. Al final llegamos a la meta y sentimos –de forma poco duradera- un pico de bienestar por haberlo conseguido. Si, a medio camino, sentimos que la meta es imposible de alcanzar, o el precio a pagar es excesivo, termina la acción ilusionante y comienza un malestar (Frustración), que es como un toque de atención a la Inteligencia para que otra vez sea prudente y mida mejor las posibilidades reales de llegar a la meta. No es bueno correr con unos gastos para nada. En cualquier caso el camino fue placentero y duradero, y así debemos valorarlo consiguiendo que el sentimiento de Frustración pierda fuerza (“Fue bonito mientras duró”). La Ilusión es el único placer que se obtiene antes de llegar a la meta. El organismo no puede enviar malestar previo, ya que nos dirigimos hacia algo bueno pero no partimos de una situación problemática (como ocurre con los restantes placeres). Diríamos que se trata de conseguir un extra o mejoría en nuestra vida. Las Emociones son necesidades genéticas que al satisfacerlas producen felicidad. Si las reprimimos, nos causan malestar, no para fastidiarnos, sino para empujarnos a satisfacerlas (no se dan por vencidas, debi
        • Hola José Luis
          Dónde puedo leer tu artículo completo, creo que cuando nos encontramos viviendo en una marea de emociones buscamos ayuda y están se encuentran a nuestro alcance porque no estamos desprotegidos. Me gustaría saber si es posible tener tu artículo completo o donde lo puedo leer.
          Gracias de antemano.

          Ana Platas

  11. Me encanta este artículo… Una buena lista de pautas a seguir para tener unas relaciones más sanas y positivas tanto con los demás como contigo mismo…

    Os invito a experimentar más sobre emociones positivas en el blog de El mono de Harlow

    Un besito a todos!

  12. Una gran bendición leerte y saber que aprendo cada día, aveces tenemos patrones de conductas muy marcados, (yo) en cuanto a los apegos, sé que puedo cambiarlos y sobre todo para mejorar mi calidad de vida, me encantan tus artículos son muy motivantes, gracias por compartir.

    • 🙂 me alegro que te sirvan, a mi también, solo recopilar información, tratar de poner en palabras mis pensamiento, ordenarlos, buscar frases que les vayan bien… me hace aprender mucho.

  13. Muchas Gracias una vez más, una interesante reflexión.
    A menudo nuestro “Yo primario” es una coraza agresiva que no deja que encontremos a los “Yos relegados”; el camino para “oírlos” es duro, y lleno de altibajos, pero artículos como el tuyo, y compartir con otros esa experiencia alivia y anima en la introspección…

    ¡Qué difícil sobre todo es la paradoja de esa aceptación propia que se lleva “al milagro” del cambio!…y el aprender a “desaprender” el apego sin sentir que traicionamos a nuestros seres queridos y a uno mismo (nuestro Yo crítico que juzga!). “Amarás al prójimo como a ti mismo”… ese amor es incondicional, generoso y ausente totalmente de apego… no es posible llegar a él sin conocernos y aceptarnos.

    El poder de hacer feliz, no está evidentemente en lo externo, sino en nuestro interior: “no es lo que te pase”, sino como vive uno lo que le sucede. Sin embargo, también “paradójicamente”, si estoy en paz y equilibrio, si mi interior es feliz , precisamente DISFRUTO, aprecio y siento como una maravilla cualquier pequeño gesto o cosa exterior…
    Como dice el Talmud, “no vemos el mundo como es sino como somos nosotros.”

    Me atrevo a invitarte a leer un artículode un amigo terapeuta:
    http://hojasderutaparaelalma.blogspot.com.es/2008/01/dilogo-de-voces.html

  14. Me gusta este blog volveré, casualmente hace un tiempo escribí yo en mi blog sobre los vampiros energéticos saludos

  15. Hola!! acabo de descubrir este blog, por lo que estoy viendo me está gustando mucho, sobretodo las noticias y artículos tan interesantes que hay. Gracias, esto nos ayudará a comprendernos un poco más. Un saludo!!

  16. Antonio, percibo en tus escritos pensamientos Reales, de aquellos que sólo podemos encontrar después de penetrar la dura roca del ego. O de esos que vuelan a alturas inhóspitas en donde hasta el águila suele atreverse poco.
    Excelente espacio de reflexión. Te felicito.

    Axser
    http://ciudaddedios-axser.blogspot.com.ar/

  17. “No puedo amar ni disfrutar realmente de algo o alguien si tengo la necesidad de eso”
    Todo lo que encierran esas cuantas palabras y todo lo difícil que es comprenderlo. Me da gusto volver a leer tus artículos. ¡Saludos!

    • Gracias Veli 🙂 , si , estoy de vuelta… jeje… aunque nunca me fuí.

      Pues cuesta trabajo por lo mismo que cuento en el artículo…. porque parecen una contradicción… ¿como va a ser que sin necesidad pueda disfrutar de algo? ¿como puede ser que sin deseo y ganas de estar con la persona todo el tiempo a todas horas y que no me falte nunca nunca nunca no pueda amar realmente?

      Pero bueno… es así cuando lo meditamos profundamente…. y por eso quise poner estas cuestiones sobre la mesa.

      Hay muchas mas paradojas pero estas me parecieron las mas relevantes… y no quería escribir un artículo tan extenso… por no asustar 😛

  18. magnifico tu articulo! totalmente deacuerdo por mis experiencias. La verdad que actualmente estoy pasando por una situacion complicada (que yo misma estoy complicando) y me haria falta algun consejo tuyo.

¿Y bien? ¿qué opinas? ...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s